martes, 16 de marzo de 2010



Los sábados en Huauchinango son días propicios para las imágenes y personajes invisibles. Estampas que no se pueden hallar en otros días. Es algo de lo incontable que se perdió con la extinción del tianguis. Por eso hay que estar atento, avizorando. Uno acecha al paso, entre cada paso y zancada. A veces uno va solo. Otras veces uno va en compañía y entonces son dos los pares de ojos que ven, que atienden, que acechan, que encuentran.Los sábados en Huauchinango son días propicios para las imágenes y personajes invisibles. Estampas que no se pueden hallar en otros días. Es algo de lo incontable que se perdió con la extinción del tianguis. Por eso hay que estar atento, avizorando. Uno acecha al paso, entre cada paso y zancada. A veces uno va solo. Otras veces uno va en compañía y entonces son dos los pares de ojos que ven, que atienden, que acechan, que encuentran.


A veces uno encuentra alguien que también está buscando; que busca en el cielo, en la parte de su cuerpo que está más cercana al suelo o en ese universo desbordado que se llama papel.


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