lunes, 15 de marzo de 2010

No puedes

No puedes imaginar cómo me siento. No, no puedes, por más que lo intentes. Y no dudo de ti. Por ésta que no. Es que necesitarías estar en mi lugar para sentirlo. No se trata nada más de que sientas lo que yo siento. Se trata de más; de que pases por lo que yo pasé. Porque una sensación como ésta no llega de golpe y porrazo. No es… ¿cómo decirlo…? instantánea. Hay por lo menos un ratito para que te des cuenta de lo que te está pasando… ¿O no? No, más bien no, creo que no; hay a quienes les llega sin saberlo. Pero no fue así conmigo. Tuve tiempo para darme cuenta. ¿Cómo te pasará a ti? Pues quién sabe. Pero, de todos modos, quién sabe si puedas imaginarlo. Y sigo pensando que no. ¡Qué vas a poder! Y no es cuestión de ganas, lo repito. Aunque sí, a lo mejor necesitarías tener ganas. Porque se necesita tener ganas. Pero esto es algo de lo que pocos tienen ganas de tener ganas. ¿Pero será necesario? Bueno, ponle que tuvieras ganas, que dijeras “tengo ganas”. ¿Seguirías con ánimo viendo que va en serio? Yo creo que no. ¡Qué vas a animarte! Porque esto es algo serio, y es definitivo. No hay vuelta atrás. Cuando pasa, ya pasó. Sí, pasa y pasó. Nada de andar con retornos. Así que no creo ni que tengas ganas ni que te animes. ¿O sí? Digo que no... Pero, órale: vamos a suponer que tuvieras las ganas y que te animaras, aun así no podrías sentir lo que yo siento. Dicen que cada cabeza es un mundo. Puede que sí. Pero también cada piel es un mundo y cada montón de tripas es un mundo. ¿Sentirías lo que yo siento? Insisto en que no. ¡Qué vas a sentir lo que yo siento lo que sentí para llegar a esto! Porque yo siento pero gracias a algo especial. No sé porqué o de dónde vendrá que pueda sentir esto, pero yo creo que otros nada más no, no pueden sentirlo como yo. (Aunque ha de llegar un momento para todos en que sí. Ahora que lo pienso un rato, puede que sí). Pero de todos modos no creo que tú puedas sentir igual, vamos, ni siquiera que puedas imaginar lo que yo siento. Pero para que no pienses que me creo lo máximo, órale: vamos a suponer que tienes ganas, que te animas y que sientes lo que yo siento. Pues con todo y eso no va a ser igual. ¡Qué va a ser igual! ¿Me oyes? Claro. ¿Me ves? A fuerza. ¿Lo ves? Pero mírame bien. Ahora piénsalo, piénsalo. ¡Cómo canijos vas a sentirlo! ¡Cómo carajos vas a imaginarlo! Dime cómo. ¿A poco eres un fiambre como yo?

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