domingo, 1 de diciembre de 2013

¿Cómo conocer cómo es?

Para disminuir la molestia o hacer menos el esfuerzo que se requiere para averiguar cómo es una ciudad, uno puede acercarse a la manera en que se trabaja en ella, se ama y se muere. Claro, entre más diversa es la gente que la habita, aun evitándolo el esfuerzo y la molestia son mayores. Se trabaja en labores más diversificadas, se ama en más distintas formas y aunque al final se termina muriendo, las maneras de llegar a ese estado se tornan más particulares.

En el caso de un hogar (no de una casa), uno puede acercarse al baño o a la cocina. Ahí es dónde se revela el orden, la limpieza, lo propio. Es en el baño, por ejemplo, donde se hace patente la concepción de lo individual mezclado con lo colectivo. Los olores, su permanencia, los hábitos o los vicios en el baño se hacen presentes. Mientras, en la cocina, las maneras en que los miembros de ese hogar comparten o se aíslan, las maneras en que consumen o tienen impacto en el medio se manifiesta. 

Un escuela se conoce, como en el caso del hogar, por sus baños. El término “sanitarios” difícilmente les queda. Es en los baños donde uno se enfrenta a los odios y rencillas, a los deseos insatisfechos, a las virulencias reprimidas. Las paredes son pantalla en que se exhiben maledicencias, insultos reprimidos al poder, al rival, al que se envidia. También en las aulas, la disposición del mobiliario revela cómo se interactúa ahí, qué se hace, quién habla y quiénes callan o viceversa.

No atino a saber cómo se conoce un templo ni un teatro, cómo se conoce un mercado o una calle, una tienda de ropa o una verdulería...

Y estos no saberes, me queda una pregunta: ¿qué visitar de una persona para indagar cómo es?

lunes, 18 de noviembre de 2013

Thomas Mann, coincidencias

I. ¿Una coincidencia entre (San) Agustin de Hipona y Thomas Mann? 

(San) Agustín de Hipona: "Feliz necesidad que obliga a cosas mejores".. 

Thomas Mann: "La insatisfacción es la naturaleza y la esencia más íntima del talento".




II. Una mediana coincidencia más de Thomas Mann (“Muerte en Venecia”). Esta vez con Antonio Feliciano de la Rosa, el bracero en la película “Ustedes los ricos”. La coincidencia es relativa a la apetencia.

Thomas Mann: “tener que seguir queriendo lo que se ha querido antes”.

Antonio Feliciano: “Cómo tengo ganas de no tener ganas de lo que tengo ganas”.




III. Una coincidencia entre Thomas Mann y Jorge Luis Borges.

En “Muerte en Venecia”,Thomas Mann recurre a un personaje (Aschenbach) para mostrar parte de la vida de un escritor y reflexiones en torno a la labor literaria.  Cita obras de ese escritor ficticio.

En “Pierre Menard, autor del Quijote” Jorge Luis Borges recurre al personaje cuyo nombre está en el título para jugar con el lector y mostrar aspectos relacionados con el ejercicio de la escritura y de la reinvención. Cita obras de ese escritor ficticio.


En ambos casos, las obras que se refieren son relevantes para la literatura y el discurrir sobre ella.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Cuatro elementos del poder de las palabras.


¿Tiene límite el poder de las palabras? 

Supongo que no.

Por eso hay que cuidarlas como agua. Sin ellas se muere de sed. Su abuso puede ahogar. En demasía destruye. Continuas llegan a humedecer hasta la podredumbre.

Por eso hay que cuidarlas como el fuego que calienta o abrasa, que cuece o quema, que alumbra o ciega.

Por eso hay que cuidarlas como al aire: anima, derriba, arranca, alisa, tumba, dispersa, reanima, revive, ahoga.

Por eso hay que cuidarlas como a la tierra: sirve para que germine vida o cubre lo que ha muerto y, a veces, en otra vida pueda transformarse.


martes, 12 de noviembre de 2013

Sor Juana

«Mujer que sabe latín ni tiene marido ni tiene buen fin». Esta frase resultaba lapidaria hace varios años, ahora no lo es. Fue una pesada carga para Sor Juana Inés de la Cruz. La monja que no nació siéndolo, pero que sí nació inteligente y, a lo largo de su vida, a cultivarla se dedicó. Sor Juana, la monja que fue tan religiosa como necesario le resultó, ¿pero lo suficiente libre e independiente como para no atarse a la religión?

Leer, reflexionar y escribir la hicieron internarse en los vericuetos pantanosos del lenguaje, en los senderos nunca rectos ni continuos sí alternos del amor. Tanto así que, conocedora de los sobresaltos que padece el espíritu, escribió: «En un amante no hay risa que no se altere con llanto».


Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana nació el 12 de noviembre de 1651.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Camus, a cien años.

Mañana Albert Camus cumpliría 100 años de haber nacido. Premio Noble en 1957, escribió “El extranjero”, quizá su obra más conocida. De ese texto extraigo ideas y cavilo a partir de ellas..

Ante la muerte de un viejo hay viejos que se quedan con sus lágrimas o se ahogan con ellas o con ellas se cubren: “Gruesas lágrimas de nerviosidad y de pena le chorreaban por as mejillas. Pero las arrugas no las dejaban caer”.

¿Qué distingue a un día de otro? Porque algunos domingos son realmente domingos y hay otros que no lo son. ¿Los días de la semana son o los hacemos?

Hay regiones en que las tardes son treguas melancólicas.

Cuando el sol es desbordante estremece al paisaje, y lo torna inhumano y deprimente.

Cuando los hechos ocurren con precipitación, certidumbre y naturalidad suele no recordárseles.


Ante la muerte de un ser querido o cercano uno siempre es un poco culpable.

Camus y la felicidad.

Camus develó que cada hombre puede rebelarse contra lo que impone la infelicidad, y al hacerlo descubre su acompañamiento y solidaridad con los demás. Una rebelión de este tipo exige gestar soluciones políticas, es decir, ir activamente contra el estado de guerra que implica -de manera velada y silenciosa a veces- mantenerse en el odio.

“Puede que lo que hacemos no traiga siempre la felicidad, pero si no hacemos nada, no habrá felicidad”

Albert Camus 

domingo, 3 de noviembre de 2013

La apariencia es parte de la esencia


¿Será? 
¿O serán antinomias?
¿O serán complementarias?










El aforismo que aparece como título es de Mariana Frenk, las preguntas y fotografías son mías.

jueves, 31 de octubre de 2013

Olor a muerte. ¿Muerte de una tradición?


Cuando una tradición se institucionaliza, ¿sigue siendo tradición?

Día de muertos, un patrimonio de México para la humanidad... ¿y para algunos mexicanos?

Mi alter ego, el que registra mi paso por este mundo, preguntaba a mi ego qué olores posee la muerte. Una vez proferida, dos preguntas hicieron dudar a mi alter ego: ¿la muerte posee algo? ¿se puede poseer el olor o es el olor lo que nos posee? Mi ego desechó las preguntas y se internó en vericuetos olfativos y olfatorios para responder qué olores posee la muerte.

Casi de inmediato me respondí: depende. Sí, depende. Si es muerte por agua, muerte por fuego, muerte por imaginación, muerte por dolor, muerte por gusto, muerte por muerte...

Lo pensé un rato más y me dije: depende también del origen.

Y un poco después alcancé a entender que también el olor depende de sus consecuencias: si la muerte produce dolor, huele a podredumbre; pero si la muerte genera gozo, huele a comida.

Otra pregunta no tardó en producirse: ¿a qué huele la muerte por amor? Debe tener un olor dulzón, fue mi contestación.

Y otra cuestión me asaltó: ¿a qué huele la muerte en México? Depende, me dije. Hay muertes cuyo olor irrita, lastima, hiere por el humo idiota e injusto que las produce. Las muertes que no debían ser así, las muertes a destiempo (antes-de-tiempo). Ese olor/humo hace llorar de tristeza, de desesperanza, de desconsuelo. 

Pero hay otras muertes que en México huelen distinto. Las que huelen a mole, a pipián, a dulce de arroz o de calabaza, a incienso o copal. Finalmente con ellas se adereza la melancolía, y con ellas se da gusto al gusto.


Me pregunto ahora si la institucionalización de esta tradición no será también su muerte. Desprovista de sentido, de manera paulatina corre el riesgo de mutar en ornato, de oler a nada, de quedarse con mucho color pero sin olor. 

jueves, 24 de octubre de 2013

Rayuelazos de Rayuela.



Calzamos en moldes más que usados, aprendemos idiotas cada papel más que sabido.

El absoluto viene a ser ese momento en que algo logra su máxima profundidad, su máximo alcance, su máximo sentido, y deja por completo de ser interesante.


Solamente las ilusiones son capaces de mover a sus fieles y no las verdades.

jueves, 17 de octubre de 2013

Historia de amor


Sintió sus labios turgentes, húmedos y cálidos. 

Después los sufrió tiesos, secos, fríos, yertos. 

Luego los imaginó ausentes y dureza en su lugar. 

Finalmente, cuando una tolvanera envolvió su rostro, supuso que eran ellos, convertidos en polvo.  

Quiso asirlo, tomarlo. Escurrió entre sus dedos.

Dicen que susurró: polvo es, también yo seré.

lunes, 14 de octubre de 2013

De El Quijote, capítulo IX.

Obsequio extractos del capítulo IX de El Quijote, uno de los capítulos de los que habla Borges en su cuento. Lo que antecede a cada uno es una referencia o una pregunta mía.

Del tiempo:
la malignidad del tiempo, devorador y consumidor de todas las cosas

¿Una contradicción?
socorrer doncellas, de aquellas que andaban con sus azotes y palafrenes, y con toda su virginidad a cuestas, de monte en monte y de valle en valle; que, si no era que algún follón, o algún villano de hacha y capellina, o algún descomunal gigante las forzaba, doncella hubo en los pasados tiempos que, al cabo de ochenta años, que en todos no durmió debajo de tejado, y se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido.

¿Una descripción de mi padre?
yo soy aficionado a leer, aunque sea los papeles rotos de las calles

De la historia.
la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.



Y un sitio que imagino correspondería a los sueños arábigos 


domingo, 13 de octubre de 2013

Un no-Nobel: de uno de sus textos.

Pierre Menard, autor del Quijote.

El anterior es título de un cuento de Borges. Del texto he entresacado citas, habida cuenta que al hacerlo también he mutilado inmisericorde sus ideas tornándolas -quizás- ininteligibles.

El Error trata de empañar su Memoria.

Es muy fácil recusar mi propia autoridad.

Censurar y alabar son operaciones que nada tienen que ver con la crítica.

La obra inconclusa (forma parte) de las posibilidades del hombre.

Mi empresa no es difícil. Me bastaría ser inmortal para llevarla a cabo.

El recuerdo de algo se simplifica por el olvido y la indiferencia.

La ambigüedad es una riqueza.

No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil.

La gloria es una incomprensión; quizá la peor.

Una doctrina es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía.

Pensar, analizar, inventar no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia.


Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas.

Una vez más no he ganado el Nobel.

Sí, una vez más no he ganado el Nobel. 

Algo me consuela -igual que cada año, desde que soy conciente de este premio-: no se cortarán más árboles para imprimir mis textos. Pero de inmediato mi consuelo se diluye: se incrementa la lectura en pantalla mientras el libro de papel va rumbo a lo innecesario. Algo más me consuela -igual que cada año, desde que leí a Pacheco en un “Inventario”-: no se ha dado un Nobel por escribir poco. Pero de inmediato mi consuelo se esfuma: Ciorán escribía poco. Mejor dicho, escribía y expresaba en breve grandes ideas. Yo, en cambio, requiero de mucha palabras para expresar certeramente una idea. Algo más podría consolarme: hay mucha, muuucha pero muuuuucha gente que escribe, y de entre ella hay muuuuucha gente que escribe muuuuuuucho mejor que yo. Tantos “muucho” deben hacer mella contra lo poco que escribo y lo medio bien (o medio mal) que lo hago. 

Bueno, ¿y si lo ganara? Tal vez me da el síndrome Sartre y no lo recibo. O tal vez el síndrome Gabo y no voy de frac a la premiación y por eso no me dejan entrar -porque yo no soy el Gabo-. Pero estas ya son fantaseadas. Lo real, lo realista, la realidad, el realismo es que no le he ganado. Ni modo. 

Una vez más no he obtenido el Nobel. Tal vez para la próxima (aunque mi esperanza se agota: mi “tal vez” se reduce cada vez más).

PD. Mientras, a leer a Alice Munro, Nobel de Literatura 2013.

* Escribí este texto un día después de que anunciaron el Nobel de Literatura 2013 pero lo he subido a mi bitácora días después.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Mini-oda a un artefacto umbrelino

(Inspirado en la sombrilla-para-agua de Signorina Singer)

Es la pata circular de una pata
que nada bajo la lluvia
y la detiene con su pata

Es el esqueleto tejido de un árbol
que despliega sus hojas 
y así atrapa al Sol

Es un microuniverso efímero

contiene a dos amantes
intentan perpetuarse en besos

es un suelo que se desliza
es un horizonte que camina
es un cielo que se desplaza

es un cielo que se contrae
es un cielo que se abre


es un suelo de arriba
es un suelo que levita


es un techo que se agita
es un muro que cubre

es un piso que se moja

es un hongo andante
es una nube vacía
es un Sol interrumpido

es un bastón
con él me apoyo 

en las nubes


las reto


alardeo

la Tierra tiene dos cortezas
detengo la segunda
que va hacia el cielo
o la primera
que viene del cielo

viernes, 20 de septiembre de 2013

Marco de una fotografía


El marco de una fotografía atrapa historias, encierra pesadillas, arropa sueños, expone quimeras, exhibe fracasos, engloba coreografías. Es antídoto contra la amnesia y aliado en la perversión de la memoria. Y cuando se fija a la pared, es umbral para internarse en otros mundos.

Tiempo de perros.

Perro que raya no duerme.


Canes hay que para rayar al tiempo matan con oleajes al cemento. Otros duermen.


domingo, 15 de septiembre de 2013

El espejo


El espejo ausente 



 el espejo 



El espejo perturbado




El espejo exaltado
por las humedades que cubren
por las humedades que inundan
por las humedades que brotan
por las humedades que envuelven
por las humedades que (se) coronan










El espejo de los muchos rostros de humedades














El espejo.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Escribiste, ¿hace cuántos años?

Escribiste, ¿hace cuántos años?

Sí, ya sé que desde que perdiste la vista y un poco antes tu hermano te hizo firmar  unos documentos (¿cómo? ¿engañándote? ¿presionándote por el amor que le profesas? ¿abusando de tu vulnerabilidad? ¿de las tres formas?). Escribiste tu nombre con temor. pero cegada por la confianza. Y así firmaste. Pero no me refiero a esos escritos. 

Tampoco hablo de escribir listas de precios cuando los sábados llegaban los productos desde México a la papelería. Tampoco a tus escritos en papel fosforescente que anunciaban gangas y ofertas. No hablo de las listas de productos que se necesitaba pedir a los surtidores. No hablo de esos escritos.

Tampoco hablo de tus firmas, las que has hecho en defensa de tu voluntad y la de Julio, tu hermano muerto. Trazaste tu nombre y firma en un intento por revertir el abuso de Guillermo, de quien repites que es tu único hermano vivo., el único que te queda.

Escribiste, sí. Pero te pregunto por otros escritos.

¡Ya recuerdo! Hace cinco años (¿o más?) escribiste una poesía a Arturo. Pero dudo: ¿la escribiste o la memorizaste? No la he leído de tu letra. Me la dijiste para que yo la enviara por correo. El dictado fue vía teléfono. Ya no veías bien.


Escribiste, sí. ¿Hace cuántos años?




jueves, 5 de septiembre de 2013

El bote de tamales.


Un mes de octubre, a mediados, Bulmaro llegó de la capital con un bote de lámina. Era para los tamales de su mujer, la tía Lupe. Se habían casado unos meses antes y era el primer Todos Santos que pasaban juntos.

El bote sirvió para hacer los tamales de ese año y de los siguientes. En un principio nada más los hacía, se enfriaban y se iban derecho al altar de muertos. Permanecían en la ofrenda desde el 31 de octubre hasta el 3 de noviembre, cuando Bulmaro y Lupe la levantaban. Pero conforme llegó la prole, la ofrenda mermaba. Los tamales y las pepitas de los espinosos hervidos con tequesquite eran lo primero en acabarse. Así que la tía Lupe sacaba el bote de tamales, y hacía otros cincuenta o cien más.

Llegaba el cuatro de noviembre y el bote se iba al tapango. Ahí lo dejaban hasta los preparativos del próximo Todos Santos.

Cuando la foto del tío Bulmaro pasó a formar parte de la ofrenda, la tía Lupe hizo los tamales con más ahínco. Se afanaba por hacerlos como a él le gustaban. Hacía de mole verde, de mole rojo, de dulce –con suficiente pintura rosa vegetal-, también hacía dos o tres de puño, con un huevo hervido en su interior. El gusto de ver los tamales en el altar le duraba desde el 31 hasta el mediodía del 2. Entonces sus hijos despachaban la ofrenda.

Los hijos llegaron a mayores y comenzaron a ganar sus centavos. Entonces quitaron la teja, tiraron las paredes de adobe, las hicieron de block y pusieron techo de concreto. El tapango fue cosa de olvido. Las cosas que contenía o se distribuyeron por la casa, o se quedaron en el techo. El bote de los tamales fue enviado atrás de la casa. Ahí servía para guardar cosas durante el año: clavos, macetas rotas, algún zapato viejo, el machete. Así permanecía. Pero llegando mediados de octubre, la tía Lupe lo rescataba, y le devolvía la dignidad de bote tamalero.

Las aguas, el uso y la intemperie hicieron estragos. Un día aparecieron agujeros en el bote. Don Nicolás, el señor que arreglaba cosas de lámina con cautín ya tenía mucho tiempo de tener una veladora prendida en la ofrenda y flores en su tumba. La tía Lupe dejó de hacer tamales en el bote.

Permaneció en el olvido y atrás de la casa por varios años, hasta que una de las nueras lo descubrió. Le dijo a su esposo que bien le serviría como maceta. Ese fue su nuevo uso. Pero se necesitaba mucha tierra para llenarlo y moverlo de lugar era un lío. Así que se convirtió en bote para basura. 

Algunos años, cuando sonaba la campana para llevarse la basura, la nuera de la tía Lupe o sus hijos sacaban arrastrando el bote hasta la calle, donde pasaba el camión de volteo. Con las cubetas el asunto era sencillo: uno de los señores lo aventaba al interior de la caja y el que estaba dentro lo vaciaba. Pero con el bote era distinto, pues era entre dos que debían subirlo y descargarlo. Cuando llegaron las bolsas de plástico y las de polipapel, el bote que trajo el tío Bulmaro a la tía Lupe sirvió para guardar lugar en la calle. 

Y es que la calle que había sido empedrada fue cubierta por los albañiles que mandó el presidente municipal con una reja de varilla y una capa de cemento, piedra y cal. Los coches ya eran muchos y no había dónde aparcarlos. Se ocupaban sillas o rejas de plástico. El bote, encadenado a un poste, apartaba lugar.  

Fue así como un día el bote sirvió para guardar sitio a la carroza que llegó por la caja en la que habían colocado el cuerpo de la tía Lupe. El auto partió con rumbo al cementerio con la procesión de mujeres y hombres de negro atrás, llevando flores y velas encendidas, unas rezando el rosario y otros hablando de qué conocidos ya habían muerto o de los achaques que padecían otros más.


Un día el bote desapareció. Pasó tiempo para que el hijo de la tía Lupe se diera cuenta. Y eso porque cuando llegaron a la casa, después de ir al camposanto a dejar flores, un coche estaba estacionado, ocupando su sitio. El bote no estaba. Se lo llevaron. También la cadena.  

Jano junto a varios Janos

Fue el 3 de enero de 2013.


martes, 3 de septiembre de 2013

De entender la vida.

Si yo estuviera viviendo hace 1500 años (y ya exageré; puede ser un lapso más cercano), ya no estaría viviendo... seguramente ya habría muerto. La duración de la vida humana era menor a los cincuenta años. Así, pues, me pregunto si he vivido más de lo que biológicamente podría entender.

Con esta vejez biológica hay dos frases que he leído/escuchado el día de hoy que me llevan a reflexionar sobre lo que he vivido y lo que de eso he entendido o puedo entender.

La primera frase se atribuye a Monsiváis: “Yo no sé si ya no entiendo lo que pasa, o ya pasó lo que estaba yo entendiendo”.

La segunda frase: “La vida es como un libro de Hegel. Cuando empiezas a entenderla de pronto ya no entiendes nada”.

Va una tercera, de Chevailli (la recordó mi hijo mayor. Es cuando no apagas el switch que encendiste): -No entiendes absolutamente nada de la vida. ¡Nada! 

Pero este “no entender la vida” o “ya no entenderla” me asombra, me causa estupor, me lleva a revisar constantemente mis conceptos, los que me son vitales. 

jueves, 22 de agosto de 2013

¡Cuántos hablamos Español! ¿Cuántos?

El sábado viajamos juntas seis personas. De ellas, dos hablan solo Español, dos hablan Ná'uatl y Español, una más lee y entiende medianamente Inglés y Francés además de hablar Español, otra habla bien los tres idiomas. Casi para concluir el viaje subió al vehículo otra persona que habla bien el español y el inglés. Arribamos, finalmente, a un sitio donde había personas originarias del Congo y de Filipinas (que hablan otros idiomas), a las que se sumaron personas que hablan Latín y, al menos uno, Griego. 

En el trayecto, antes de pasar por el séptimo viajero, surgió una pregunta: ¿Cuál es el idioma que más se habla en Europa? Tras varias suposiciones, quien formuló la cuestión respondió: el ruso. Para verificar su respuesta debimos hacer estimaciones del espacio que ocupa ese país dentro del continente, así como de la cantidad de habitantes que tiene. La misma persona que había hecho la pregunta comentó que después del ruso, el alemán es el segundo en parlantes. 

Luego se me ocurrió una pregunta a propósito de un chiste-burla que vi sobre Peña Nieto (dicen que dijo que en México vive el mayor número de mexicanos). La pregunta es: ¿cuántos vaticanenses viven en el Vaticano (si por “vaticanense” entendemos a quien ha nacido en el Vaticano)?

Hoy he encontrado esta nota, que de alguna manera responde a lo que se hablaba en el viaje: http://noticias.universia.es/en-portada/noticia/2013/08/16/1042740/espanol-segundo-idioma-mas-hablado-mundo.html#.Ug6LFTCA4BM.twitter.


Esto me ha dado una esperanza: en unos años el número de personas que podrá leer lo que escribo será el máximo. Espero, pues, tener al menos un lector más.

lunes, 12 de agosto de 2013

¿Grito, lamento, oración o queja? A propósito de Villaurrutia.


La escucho desgranando lenta y con pausas innecesarias su rosario. Tras cada Ave María, en cada Padre Nuestro su voz apagada, que no proviene de su garganta sino de sus entrañas, se asemeja más a un gemido, a un ronco sollozo que se extravía cuando pierde la cuenta y se adentra en sus sueños. 

Y cuando ha dicho "ya déjenme morir", me hace pensar si se tiene nostalgia por la muerte o si es ansiedad o anhelo de ella.

Pero si es nostalgia por la muerte, es una nostalgia que está habitada por una oposición múltiple: el sueño contra la vigilia, la conciencia contra el delirio, la voz contra el mutismo, la alegría contra la tristeza, la esperanza contra el sinsentido, la memoria contra el olvido.

domingo, 11 de agosto de 2013

El ayudante de albañil

Me miró con sus grandes ojos negros. Aceptó el libro que le ofrecí. Leyó a Eduardo Lizalde. Era un cuento. Después le di una narración sobre Gaudí. No aceptó. Dijo que le dolía la cabeza cuando leía. Esperaba a su padre. Lo esperó. En algún momento le ayudó con la mezcla, la cuchara, el metro. Así, mientras llegaban otros momentos. En algún otro momento se perdía. ¿En dónde? No lo sé. Se extraviaba en la escalera, en la reja, en el vidrio, en la puerta, en lo que había fuera, en sus sueños, en su cansancio, en su aburrimiento... en él mismo.

sábado, 10 de agosto de 2013

martes, 6 de agosto de 2013

martes, 23 de julio de 2013

Mariposa

Mariposa mimética.

Mariposa curiosa.


Mariposa en arrullo.


Mariposa vigía.


Mariposa inquieta.




Inquieta mariposa que ha cambiado el arropo de un capullo orgánico por la sinuosa ondulación de un textil 80% poliéster.

domingo, 16 de junio de 2013

Si tuviera un hijo...



Es común que digamos: “si hubiera…”. Y soltamos esa frase cuando el tiempo simplemente ya se fue. Pero el tiempo fluye y fluye, es decir, todo tiempo se va, inevitable y continuamente. Como la frase resulta imprecisa, sería mejor decir “la oportunidad ya se fue”. Ése es mi caso. He perdido la oportunidad de hacerlo cuando debía. En el momento oportuno, como dicen muchos. Ahora, ¿qué me resta? Jugar con el tiempo, imaginarlo y decir “si tuviera un hijo”.

Además, estoy a destiempo porque estas líneas saldrán en épocas que aún no son las comerciales de felicitar a los papás, y el día de las mamás ya pasó. Por eso, de nuevo, decir “si tuviera un hijo” me coloca fuera de tiempo.

Sin embargo, tengo la imperiosa necesidad de decir que si tuviera un hijo… y después de decirlo imaginar lo que podría hacer en tal caso. Bueno, pero basta, para que el tiempo no fluya más, se vaya, yo pierda la oportunidad y luego tenga que decir “si lo hubiera dicho”, expongo a destiempo lo que haría si tuviera frente a mí un hijo pequeño.

Si tuviera un hijo, lo mandaría a la escuela por una sola razón: para que aprendiera a escribir.

Para que aprendiera que hay mayúsculas, y que éstas sirven a cualquiera para dar comienzo, para iniciar.

 También para que aprendiera a poner comas, porque son las que dan ritmo al mundo.

Para que aprendiera a escribir la ‘o’, porque con ella se crean alternativas y se puede pensar las cosas de un modo diferente, distinto.

Que aprendiera a escribir la ‘y’, porque con ella se puede pensar en hacer algo juntos y en acompañarse.

Para que aprendiera a poner puntos y seguido, porque con ellos se puede enlazar ideas, y cambiar de ideas hablando de lo mismo.

Y que aprendiera los signos de interrogación. Para que los empleara cada mañana, y al amanecer fuera como el niño que pregunta y se pregunta.

También para que aprendiera los signos de admiración y al llegar la noche se durmiera como si fuera un viejo, exclamando: “¡Cuántas cosas me he preguntado hoy, cuántas he aprendido, cuántas experiencias he tenido!”.

Lo enviaría a la escuela para que aprendiera que hay puntos suspensivos, porque cuando se piensa que se ha concluido hay aún tantas cosas por hacer…

Para que aprendiera que están los dos puntos y con ellos enumerara sus esperanzas, sus sueños, emociones y trabajos.

Si tuviera un hijo, lo enviaría a la escuela por una sola razón: para que aprendiera a escribir “no” y “sí”. Para que con ambas pudiera ser libre y expresar “no” a lo que esclaviza y “sí” a lo que emancipa.

También para que aprendiera a usar las comillas, y reconociera que sus ideas se nutren de lo que otros dijeron y que él sólo ha recuperado.

Lo enviaría a la escuela para que aprendiera a pedir razones con un “por qué” y a responder por sus actos con un “porque” y hablar de sus razones con un “porqué”.


Si tuviera un hijo, insisto, buscaría que fuera a la escuela por una sola razón: para que aprendiera a escribir, solo para eso. Para que aprendiera que hay un punto y aparte que marca momentos de la vida. Y para que aprendiera que todo termina, que todo acaba, que hay un punto final.