jueves, 14 de noviembre de 2013

Cuatro elementos del poder de las palabras.


¿Tiene límite el poder de las palabras? 

Supongo que no.

Por eso hay que cuidarlas como agua. Sin ellas se muere de sed. Su abuso puede ahogar. En demasía destruye. Continuas llegan a humedecer hasta la podredumbre.

Por eso hay que cuidarlas como el fuego que calienta o abrasa, que cuece o quema, que alumbra o ciega.

Por eso hay que cuidarlas como al aire: anima, derriba, arranca, alisa, tumba, dispersa, reanima, revive, ahoga.

Por eso hay que cuidarlas como a la tierra: sirve para que germine vida o cubre lo que ha muerto y, a veces, en otra vida pueda transformarse.


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