lunes, 30 de julio de 2012

Los espejos de Diana y de Marco.


Un regalo para las niñas y los niños.que salieron de la escuela "Por un mundo mejor".

El 4 de julio de este año fui el padrino de generación y di tres regalos: una matatena, la forma en que se los entregué y este cuento (inconcluso, porque ellos van a cooperar con distintos finales).

Ahora sí, va el cuento.


Marco tenía en una televisión muy grande. Por las tardes veía sus caricaturas favoritas. Pasaban superhéroes que volaban, aparecían y desaparecían. También los sábados y domingos se acostaba a ver la tele. Cuando no las veía, jugaba en la computadora que había en casa.

Diana también tenía una televisión muy grande, tan grande como la de Marco. Cuando no veía las caricaturas, jugaba a hablar por celular con sus amigas. Ella no tenía superhéroes pero sí muñecas que cantaban y bailaban. A veces las peinaba.

Marco y Diana iban al jardín de niños. A los dos los llevaban en coche. Cuando iban rumbo a la escuela veían el tablero. Los foquitos les recordaban sus personajes. A Diana los espejos de sus muñecas. A Marco los ojos de sus superhéroes.

Marco y Diana no estaban solos en su pueblo. Había muchos niños más. Camino a la escuela Marco y Diana pasaban junto a ello pero no los veían. Aunque había muchos afuera, caminando por la banqueta, yendo a la escuela. Pero no, Marco y Diana no los veían, parecía que esos niños no estaban ahí, no existían.

En lugar de ver a los niños que eran diferentes, los que iban a pie, Marco y Diana imaginaban sus juguetes. Él veía sus carros de juguete o sus personajes. Ella veía sus muñecas.

Antes de ir a la escuela les preparaban su desayuno. A Marco le gustaba el yogurth. Cuando lo comía se le hacían bigotes. Pasaba su lengua por los labios y así quedaba limpio. A Diana le servían fruta, cereal y leche. A veces lloraba porque no quería de ese cereal sino de otro. Y a Marco, si el yogurth no era de una marca en especial, no le daban ganas de comer.

Un día la profesora llevó unos espejos a la escuela. Dio uno a cada niño. Diana pensó que podría peinarse mirándose en él. Marco imaginó cómo iba a jugar. Haría que la luz caminara en la pared.

Y así lo hicieron. Diana se veía al espejo e imaginaba que era una princesa. “¡Soy la más bella!”, decía orgullosa. Marco hacía caminar la luz por la pared. Cuando se aburría, miraba su rostro e imaginaba que era un superhéroe. “¡Soy poderoso!”, gritaba. 

Su profesora les platicó qué había pasado con algunos espejos famosos.

Hubo un hombre que descubrió que podía verse reflejado en el agua. Se veía tan guapo pero tan guapo, le gustó tanto ver su cara que se fue de cabeza al estanque y se ahogó.
Hubo otro hombre, Perseo, que empleó un espejo para ver a directamente a Medusa y no convertirse en piedra. Si alguien miraba a los ojos a Medusa se convertía en piedra.

Les habló de la madrastra de Blanca Nieves. Ella tenía un espejo. Cada vez que lo sacaba de un cajón grande de madera, lo ponía frente a su cara y hacía la misma pregunta al espejo: “¿Quién es la más bonita?”.

También les platicó de Alicia. Alicia fue una niña que se encontró a un conejo que tenía un gran reloj, a un sombrerero que no festejaba su cumpleaños sino que festejaba todos los días su no cumpleaños. Alicia también conoció a un gato que podía convertir un pato en una papa. Iba cambiando una letra por otra y lo lograba. Por ejemplo, podía pasar de pato a papa. Así: pato, pata, papa. Pero Alicia, además de visitar el País de las maravillas podía ver qué había detrás de un espejo. 

A Diana y Marco les gustaron estas historias. Por eso llevaban su espejo a la escuela y, cuando podían, se miraban en él.

Humberto y Margarita peleaban mucho. Humberto sacaba la lengua a Margarita y ella le decía menso a Humberto. Los dos eran compañeros de Marco y Diana.

Un día Humberto y Margarita se picaban las costillas o se jalaban el cabello y luego se echaban a correr. En una de esas correteadas cada uno chocó con otro niño. Margarita se estrelló con Marco y Humberto colisionó contra Diana. Como cada uno estaba viéndose en su espejo, así que se les cayó de las maños y se hizo añicos.

Esa tarde, cuando estaban en sus casas, cada quien tomó su espejo. Marco ya no vio un Marco sólo sino a varios Marcos, cada uno con su cara más pequeña. Lo mismo le pasó a Diana: vio muchas Dianas, cada una más chiquita que la que veía antes. Ah, pero además de que cada uno vio muchas Dianas y Marcos, se dieron cuenta de que podían hacer como Alicia: mirar del otro lado del espejo.

Así que cada uno jugó a verse a sí mismo y a ver qué había atrás del espejo. Primero vieron sus caras y sus juguetes, luego sus caras y la televisión, sus caras y la computadora, sus caras y lo que desayunaban o lo que iban a comer. También vieron sus caras y las fotografías de sus abuelos. Cuando se fueron a la ventana, siguieron viendo sus caras pero atrás miraron que había otros niños.

¿Qué crees que pasó con Diana y Marco?

No olvides decirme tu nombre y los años que tienes.

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