jueves, 2 de mayo de 2013

Cortometraje diminuto




Cuando leí “El dinosaurio” de Monterroso, me quedé estupefacto. Un cuento en menos de diez palabras. En siete para ser exacto. La tarde en que vi “Veneno”, el cortometraje de Monserrat Larqué (2001), me quedé impactado en el sillón. Tiempo después leería a Calvino proponiendo la brevedad como un reto para la literatura del siglo XXI. En ese tiempo no existía el twitter: ahora sé de su vocación económico-sintético-aforística.

¿Pero qué es diminuto? En los tres ejemplos que he presentado pareciera que brevedad no está reñida ni es ajena con la intensidad, la fuerza, la posibilidad de interpretar como lector/espectador. Sin embargo, diminuto también puede ser el circo de pulgas, la escultura en mondadientes, los nombres en un grano de arroz, la biblia impresa en un texto menor que una caja de fósforos...

Otro ejemplo más diminuto de diminuto.

Esta ocasión la diminutez corre en doble sentido: la brevedad en duración y la pequeñez en actores. Trabajadores (y estudiosos) de IBM han realizado un cortometraje. A diferencia de los cortos, digamos, tradicionales, lo han realizando animando átomos. Sí, aunque parezca imposible. Como parte de sus programas de estudio para temas de almacenamiento de datos tienen los medios para posicionar átomos a su elección. De esta manera han conseguido el siguiente stop motion. Para algunos, este corto más que merecer un Óscar se hace candidato a un Nóbel de Física.

Va, pues: http://www.youtube.com/watch?v=oSCX78-8-q0

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